Crecer Sin Escuela

Cautivado por la Alegría

En esta obra autobiográficia, C. S. Lewis, autor de más de 30 libros, tutor de Magdelen College en Oxford, profesor de literatura medieval y renacentista en la Universidad de Cambridge, compañero de letras de J.R.R. Tolkien y cuyos libros inspiraron el estilo de Jorge Luis Borges, da muchos detalles de la enseñanza que recibió de niño. Su madre y una institutriz lo educaron en casa hasta los diez años. Entre los diez y dieciseis años de edad estuvo en cuatro colegios internos y luego durante tres años vivió en la casa de un maestro retirado y recibía de él clases particulares como preparación a los exámenes de acceso a Oxford. Habla positivamente acerca de su educación en casa y el método conversacional del maestro particular. Sin embargo, la descripción que da de su etapa escolar no puede ser más demoledora. De su primer colegio comenta, "Si los padres de cada generación hubieran sabido lo que realmente sucede en las escuelas donde estudian sus hijos, la historia de la educación habría sido muy diferente." El capítulo que trata de su primera escuela se titula "Campo de concentración". Da detalles acerca del bullying (intimidación o acoso que algunos alumnos ejercen sobre otros más débiles) en los colegios que asistió y un sistema de bullying institucionalizado llamado fagging que experimentó en el último colegio. Ve sus experiencias en las trincheras de la primera guerra mundial como algo positivo en comparación con el tiempo que pasó en el colegio:

"Fue una sorpresa que no me disgustara más el ejército. Por supuesto era detestable, pero la frase "por supuesto" atenuaba el dolor y lo diferenciaba de Wyvern [el último colegio que Lewis asistió]. Nadie jamás pensó que le fuera a gustar la guerra. Nadie dijo que el ejército tuviera que gustarte. Nadie hacía como si le gustara. Todo el mundo lo aceptaba como una odiosa necesidad, una horrenda interrupción de la vida racional. En esto se diferenciaba. La tribulación pura y dura es más fácil de sobrellevar que la tribulación que se anuncia como placer. La primera engendra camaradería e incluso (cuando la tribulación es más intensa) una especie de amor entre compañeros en el sufrimiento; la segunda da lugar a la desconfianza mutua, cinismo y resentimiento disimulado e inquieto."

No se puede saber en qué luz vería C.S. Lewis el movimiento moderno de enseñanza en casa que está en auge desde los años setenta puesto que él murió en 1963, pero por las experiencias que narra en Cautivado por la alegría y por algunos pasajes de sus ensayos y novelas, nos podemos imaginar que estaría bastante de acuerdo.

En su ensayo "Lirios que se pierden" (Lilies That Fester), muestra cierta desconfianza en la capacidad de la "máquina educativa" de cultivar la mente y producir una persona culta:

"... el alumno está ahora mucho más indefenso en las manos de sus maestros. Llega cada vez más del piso del comerciante o de la casita del obrero donde existen pocos libros o ninguno. Casi nunca ha estado solo. La máquina educativa se apodera de él a una edad muy temprana y organiza su vida entera, excluyendo toda solitud u ocio no supervisados. Las horas de lecturas sin patrocinio, sin inspección - quizás incluso de lecturas prohibidas - los largos paseos, los 'pensamientos interminables' por medio de los cuales los de las generaciones más afortunadas descubrieron a la literatura, a la naturaleza y a si mismas pertenecen ya al pasado. Si un Traherne o un Wordsworth naciera hoy, lo "curarían" antes de que cumpliera los doce años."

En el ensayo "Esclavos voluntarios del estado de bienestar" (Willing Slaves of the Welfare State), Lewis ve la escuela pública como un método que utiliza el estado para controlar las mentes y las opiniones de los ciudadanos:

"Creo que un hombre es más feliz y tiene una felicidad más rica si posee una "mente nacida en la libertad". Pero yo dudo que pueda tener esta mente sin la independencia económica que está siendo abolida en la nueva sociedad. Porque la independencia económica permite una educación no controlada por el gobierno. En la vida adulta, sólo el hombre que no necesita nada del gobierno y no pide nada del gobierno puede criticarlo y burlarse de su ideología. Lee a Montaigne: esa es la voz del hombre que se sienta en su propia mesa y come la carne de ovino y nabos criados en su propia tierra. ¿Quién hablará en ese tono cuando el Estado sea el maestro de escuela y jefe de todo el mundo?"

Lewis toca aquí un tema que va más allá de la calidad de enseñanza y de la buena relación entre padres e hijos que solemos esgrimir como argumento los que enseñamos a nuestros hijos en casa. Cada vez que la escuela pública rebaja la edad que acepta a niños en preescolar, alarga el calendario escolar y aumenta el número de horas lectivas, el resultado es de fortalecer la máquina educativa y potenciar el intrusismo del estado en la vida familiar. Es dudoso que los niños que empiezan preescolar a los tres años sepan más matemáticas o lenguaje a los dieciséis que los niños que empiezan el colegio a los seis. Sin embargo, es un refuerzo más a que estos niños tengan la misma forma de expresarse, la misma filosofía y los mismos valores (o falta de ellos) que sus congéneres.

Si, como Lewis, deconfiamos de los métodos y metas de la escuela, no deberíamos apoyar el sistema ciegamente; enseñar a nuestros hijos en casa puede ser una alternativa. 

-David Kornegay

 

Lewis, C. S. (1898-1963), Cautivado por la alegría: historia de mi conversión, Encuentro, 1989.

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