HILDE (Artículo publicado en el Boletín Crecer Sin Escuela número 8, otoño 2001)
Frederik tiene 12 años y nunca fue al cole. Vivimos desde hace 12 años en nuestra finca "Cortijo Las Viñas" en la Alpujarra granadina. Sus hermanos (33, 31 y 28) viven ya fuera. Después de haber buscado en vano a otras familias para empezar una pequeña escuela alternativa, encontramos un anuncio sobre una acampada para niños no escolarizados y sus padres ... ¡CLIC! ¡Ves! ¡Hasta existe un movimiento organizado! ¿Por qué necesitamos siempre a otras personas antes de hacer lo que estimamos idóneo?
En la misma revista leí: "Mesa redonda de Crecer sin Escuela en Biocultura, Madrid". Cogí el autobús y ahí encontré a Bippan, Elsa Haas, Peter Szil (ya no estoy segura) y mucha más gente con experiencias. La sala estaba repleta y Lomi nos explicó porqué no iba al cole, yo estaba muy impresionada de ver al chaval delante de esa sala con tanta gente, seguro de sí mismo y, aparentemente, sin miedo. Yo pensaba: "eso es, así quiero mi niño: libre y diferente". Frederik creció en plena naturaleza compartiendo todas nuestras actividades y experiencias: construir, sembrar, regar, plantar, acoger gente de todo tipo, nacionalidad y edad, hacer pan y comida bio/vegetariana, nacimientos y entierros de nuestros animales, nuestros éxitos y fracasos, alegrías y tristezas.
Ese fue el momento decisivo: Frederik no iría al cole. Hasta entonces estábamos muy preocupados, ¿cómo puede uno meter a su niño en la escuela del pueblo si tiene las ideas de A.S. Neill (Summerhill, niños de la libertad) grabadas en el cerebro? Fue una decisión muy liberadora y desde entonces lo pasamos muy bien juntos.
No vive en un mundo aparte del nuestro, pero está totalmente dentro. Tiene pocos amigos "de su edad" porque los niños del pueblo son muy diferentes, no tienen los mismos intereses, según dice él "arman mucho jaleo", están delante de la tele y sus videojuegos, y eso no le interesa. Quiere plantar árboles, se preocupa mucho (¿demasiado?) de nuestro planeta. Elige sus amigos entre la gente que nos visita según sus criterios (severos me parece) y sin dar importancia a la edad. Aprende de cada persona porque tiene los oídos muy abiertos, participa en las discusiones, no vacila en enseñar a los adultos lo que sabe (sobre por ejemplo la apicultura) y se quedan alucinados .
No tiene un respeto especial para los adultos, les considera como sus iguales. Pero todo eso son conclusiones, observaciones, y os he prometido experiencias. ¿Cómo ha aprendido a leer y a escribir, por ejemplo? Nosotros no tenemos horarios, ni metas, ni método. Pensamos que aprende según SUS necesidades en SU momento adecuado, aunque eso resulta difícil de aceptar para nosotros padres (queremos que nuestros hijos tengan un cierto 'nivel' ¿para justificar nuestro método de educación, quizás?) Miramos, escuchamos, estamos presentes.
Frederik tenía quizás 8 años, dibujaba planos técnicos como por ejemplo una locomotora de vapor en todos sus detalles. Me enseñó su dibujo y yo lo miraba un poco extrañada porque no lo entendía. "¿Eso es el conducto de vapor que debe hacer girar las ruedas?" le pregunté. Me miró con cara despreciada "lo veo, tú no entiendes, yo debería escribir cada elemento con su nombre, ¡pero no sé escribir! Eso no puede seguir así, debo aprenderlo ya". Coincidió con la visita de una maestra de escuela Waldorf y ella le enseñó las letras con dibujos bonitos. Se extrañaba y me dijo "Frederik va fuerte, entra eso como papilla". En quince días aprendió todas las mayúsculas y eso le bastaba para explicar a su torpe madre sus dibujos técnicos... Enseguida me puse con él, ensayando con libros y cuadernos, pero lo dejé pronto por falta de interés suyo. Así seguimos hasta el día de hoy, le cuesta escribir, no quiere, no lo necesita por el momento.
Ha empezado a leer libros "de verdad" solamente el año pasado (a los 11 años). Yo estaba bastante desesperada ya, porque para mi, leer y escribir es muy básico. He leído con él desde siempre, en voz alta, y le gusta mucho. Leo en sus tres idiomas: francés, flamenco y castellano. Hemos leído libros de niños, pero también otros. Cito un par de ellos: Que cosas, La máquina Qué, El agujero de las cosas perdidas, y también, Siete años en Tibet, El clan del oso cavernario, y los tres siguientes de J.M. Auel, los cuales nos hundieron durante meses -años- en la prehistoria, desde la fabricación de lanza venablos, agujas de hueso, elaboración de sacos y saquitos de cuero, trenzar cestos de esparto... También leímos El Hobbit de Tolkien, gracias al cual empezó a leer por su cuenta, ya que los capítulos se terminaban en medio de acontecimientos fascinantes .......
Voy a parar aquí, porque podría llenar un boletín entero una vez lanzada. Guardo un poco para los próximos números.
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