LEONARDO DA VINCI

XAVI Y ROCÍO (Artículo publicado en el Boletín Crecer Sin Escuela número 8, otoño 2001) Gioconda

Todos quisiéramos para nosotros o para nuestros hijos una formación tan completa como la de nuestro admirado personaje nacido el día 15 de Abril de 1452 en un pequeño pueblo del norte de Italia llamado Vinci, muy cerca de Florencia. ¿Cómo fue su educación y su formación? Vamos a intentar extraer lo que hemos leído en un par de libros y mil y una biografías de la web.

Los libros son: El libro secreto de los Gnomos en su tomo 23, y La sonrisa de la Gioconda, Memorias de Leonardo de Luis Racionero.

En el primero de estos libros nos dice: "Hasta los 14 años vivió en el campo: conocía los nombres de todas las plantas, sabía talar los árboles y ordeñar las vacas, pero no sabía leer ni escribir."

Y por último, vamos a transcribiros el pasaje que nos interesa para acercarnos a comprender su educación relatada en sus memorias por Luis Racionero: "Qué hombre maravilloso era Verrochio. Me acogió en su casa como un hijo y en su taller como aprendiz con esa magnanimidad desinteresada de los grandes señores de raza. Cuando pinté el ángel para su 'Anunciación' y todo el mundo vio que era mucho mejor que el suyo, él, en vez de ofenderse envidiosamente, se alegró y dijo que en adelante podría dejarme los pinceles y dedicarse de lleno a la escultura."

"Decir que Verrochio fue un padre para mí puede parecer elogioso cuando en realidad es autoconmiseración porque mi padre se cuidó de mí de lejos, me dejó en Vinci y se fue a vivir a Florencia. Fue mi tío Francesco quien me enseño casi todo siendo yo niño. Tenía un corazón de oro, paciencia, sabía contarme cuentos como nadie, quizás porque no hacía nada, viviendo en casa de mis abuelos y dedicándose a frivolidades rurales como plantar moreras y cultivar gusanos de seda. Como sólo era quince años mayor que yo, mi tío se prestaba a llevarme con él en sus paseos por el campo. Incluso llegó a inspeccionar los trabajos en las viñas y olivares cuando mi abuelo ya era demasiado viejo. En esas visitas caminábamos largamente entre olivares, viñedos y huertos, sobre colinas suaves que descienden hacia arroyos umbríos. A menudo, él se paraba a recoger plantas medicinales y conchas de caracol, fósiles, esqueletos de animalitos, siempre que fueran retorcidos, rampantes, caracoleantes. Estaba fascinado por las formas en espiral. De él me viene el gusto con que decoro los yelmos y las máscaras quiméricas: alas de dragón, membrana de murciélago, espiral de caracol, pico de concha son para mí ondulación petrificada, fusión de fuerza y forma, dureza cristalina testimoniando el crecimiento que fue vivo."

Lo que más nos llama la atención de los extractos anteriores es la confianza. No se menciona, pero la leemos entre las líneas de los textos. Dorothy Corkille en su libro El niño feliz nos da las claves para el buen desarrollo:

"Aunque individualmente único como persona, todo niño tiene estas mismas necesidades psicológicas de sentirse valioso y digno de amor."

El genio Leonardo no tuvo el amor de su madre, le faltó por ser hijo ilegítimo y casi le faltó el amor o disciplina que puede dar el arquetipo padre, pero como queda reflejado en sus memorias, la disciplina del padre se sustituyó por la que puede dar un abuelo. Un abuelo con dedicación a su nieto, en un entorno envidiable por disponer de los estímulos que da la naturaleza y con actividades de vida plena y práctica.

A eso añadimos el tío Francesco con los preciosos ingredientes: corazón de oro, paciencia, saber contar cuentos y todo el tiempo del mundo. Ingredientes presentes en todos los manuales de la formación ideal de un niño. Y para rematar la labor, Andrea de Verrochio.

No es lícito decir que su educación fue 'sin escuela' ya que en el siglo XV no había escuelas convencionales que aparecieron como un logro de la sociedad en la Revolución Francesa, pero el hecho es que creció sin escuela y no cabe duda que nos puede aportar un poco de luz este ejemplo de educación y formación, sobre todo por el resultado obtenido.

Bien es cierto que la semilla cayó en el suelo abonado del Renacimiento en la Florencia de los Médicis, pero hoy vivimos un renacer no sólo de la edad griega sino de prácticamente todas las culturas anteriores sintetizando, con lo mejor de ellas, una nueva sociedad.

Esa confianza que tuvieron los educadores y formadores de Leonardo da Vinci le permitió absorber sin barreras ni miedos lo que luego pudo desarrollar y expresar en las mismas condiciones con su talento sin limites.

ALGUNAS CURIOSIDADES SOBRE LEONARDO: