(Artículo publicado en el Boletín Crecer Sin Escuela número 10, primavera 2002)
Mi hijo mayor fue dos meses al cole (la pequeña no ha ido nunca), tras esta experiencia, no muy grata, lo sacamos del centro y ahora estamos felices de haber tomado esta decisión. Sin embargo, hasta tomar la decisión final en la edad obligatoria de escolarización, yo estuve en un mar de dudas, observé los pros y los contras y finalmente no lo hicimos.
En estos años hemos aprendido a escuchar a nuestros hijos, a saber qué necesitan y cómo podemos darles lo que piden y si eso es lo apropiado.
Lo que siempre desean es jugar: solos, con sus padres, con su hermano/a, con otras personas, niños o adultos. A través del juego he visto como resuelven sus problemas, sus temores, dudas, crean mundos imaginarios, convierten objetos ordinarios en artilugios increíbles. También a través del juego aprenden los números, las letras, estrategias sociales: comprar, relacionarse, acercarse sin temor a los desconocidos ...
Estos niños devoran hojas de papel bien grandes y diversos tipos de materiales pictóricos: lapiceros, ceras duras y blandas, bloques, témperas, acuarelas, pintura de dedos, todo ello de fácil limpieza. Coloco grandes papeles, tipo de embalar blanco, en las paredes sujetados con cinta adhesiva. Crean, con cajas de cartón, grandes casas, aviones, naves espaciales ... sus manos no están quietas.
Creo que es importante tener la casa preparada para ellos, pero también es importante que sepan recoger sus cosas, aunque con los más pequeños a veces es imposible, ¡paciencia, me digo, paciencia!
Un tema que me preocupaba era la socialización. Esta ciudad es muy fría y lluviosa en otoño e invierno, lo que no me permitía encontrar niños en los parques, y mi hijo me pedía jugar con niños. Por tanto, teniendo en cuenta sus gustos, la pintura y la naturaleza, tuve la fortuna de encontrar dos grupos de extraescolares que hacían estas actividades y cuyos encargados asumieron bien el hecho de que mi hijo no esté escolarizado. Poco a poco está estableciendo lazos más fuertes con algunos niños, siendo respetada su situación de no ir al cole; aunque en algunos casos ha sido rechazado por otros, veo que esto le proporciona la madurez de saber que le quieren por sí mismo y no por lo que hace. Y en el lado contrario, aprende a ver al "niño que es" y no sólo al "niño que no va al cole"; esto a su vez le proporciona más seguridad y autoestima, abriéndose con más facilidad y felicidad al mundo.
Su hermana pequeña, por su parte, está deseando ir con su hermano a cualquier sitio donde se pueda jugar, y empieza a ver lo hermoso que puede ser tener tus propios amigos.
Han pasado ya cuatro años desde que sacamos al niño del cole y hoy puedo decir que me alegro de aquella decisión. Mi hijo se ha ido abriendo como una flor, mostrando muchas capacidades creativas y una sana curiosidad. Aunque es tímido, eso también se va resolviendo, pues juega tranquilamente con niños desconocidos, siempre que sus intereses sean comunes y alejándose sistemáticamente de los violentos y del bullicio excesivo.
Podemos decir que nos sentimos una familia feliz.