REFLEXIONES SOBRE EL SISTEMA - EL PASADO Y EL PRESENTE

JOSÉ MUÑOZ GÁLVEZ (Artículo publicado en el Boletín Crecer Sin Escuela número 10, primavera 2002)

Cuando recibí el encargo de preparar un artículo para la revista, las ideas me fluían por la cabeza como un torrente de agua desbordado; por dónde comenzar, qué línea seguir. Resolví la cuestión pensando en hablar de mi experiencia a mi paso por el sistema escolar.

En las lecciones de historia recibidas en los cursos últimos del colegio, siempre me llamó poderosamente la atención la falta de sentido común que mostraban los reyes cuando, con el país sumido en el caos, las decisiones sobre los asuntos de estado recaían en la figura de unos personajes, "los validos", mientras ellos se dedicaban a los disfrutes más placenteros dejando de lado sus obligaciones.

Haciendo un poco de memoria, y trayendo aquellos recuerdos de la niñez, recuerdas cuando tu padre te acompañaba un raro y único día al colegio, con la honrosa intención de presentarse al profesor, y tras su breve identificación acababa con la frase esperada por el profesor como algo ritual en aquellos tiempos: "Si el niño se merece un tortazo déselo usted" así se daba rienda suelta a los impulsos represores que más de un profesor hacía gala de practicar diariamente.

Tratando de encontrar una explicación a aquella mentalidad, podemos entender que la jerarquía de poder establecida bajo un régimen dictatorial dependía de la sumisión de sus ciudadanos a los representantes del mismo, que en un pueblo estaban representados por el alcalde, el cura, el comandante de puesto de la Guardia Civil, el médico y el maestro. Por tanto, el trato recibido y su aceptación por parte del resto de la sociedad era inamovible.

Las situaciones que se daban eran de lo más patético: el maestro con su cartera bajo el brazo, siempre abultada de papeles; después de darnos trabajo para varias horas en las fichas, su mesa se transformaba en la mesa de oficina de su empresa, y no se te fuese a ocurrir ir a distraerlo. Para otros, su sillón se convertía en el sillón del casino donde se pasaba una hora leyendo la prensa. A otros, sus aficiones o negocios les llevaban a reducir su permanencia en clase.

Con la entrada de la democracia, en los estudios que por aquel tiempo realizaba en la capital, los profesores estaban muy preocupados con las campañas políticas, tanto que sus alumnos éramos los grandes perdedores de las elecciones; paradojas de la vida, imitaban a los reyes pero no tenían validos, y nuestras horas de formación eran sacrificadas por el bien de sus partidos, por no decir de ellos, a la hora de ascender a cargos de más nivel.

Hoy la democracia es un hecho que donde mejor se conserva es en los papeles. La libertad se ha convertido en un objetivo que sólo se puede alcanzar si se puede poner precio a sus metas, ofreciendo para ello como única llave la del dinero, así que todo está al alcance de todos aquellos que lo puedan adquirir, y los padres y madres se lanzan a conseguir ese bien en forma de posesiones materiales, derivando sus obligaciones como padres en manos de los validos como son los abuelos, las guarderías, la televisión, la escuela... A consecuencia de esto, los problemas se presentan y dificil es que reconozcamos dónde está nuestro error.

Lo que sí está claro es que la tecnología siempre va a estar lanzando productos para consumir y el sistema va a estar demandando que seamos felices y fieles compradores, pero si la historia se repite, no seamos como los reyezuelos que abandonan sus responsabilidades más inmediatas para cazar billetes que nos encadenen a los nuevos válidos.