DAVID KORNEGAY (Artículo publicado en el Boletín Crecer Sin Escuela número 10, primavera 2002)
Es verdad que la gente pregunta más sobre la socialización que sobre ninguna otra cosa. Nuestro caso ha sido un poco más complicado por diversos factores, pero estoy convencido que la socialización que han recibido nuestras hijas ha sido más positiva que la socialización que recibe la mayoría de los niños en el colegio. (Es curioso, la gente normal y corriente nunca utiliza la palabra "socialización" a menos que sea para interrogar a una persona que no manda a los niños al colegio).
A pesar de ser una ciudad grande, Sevilla presenta poca movilidad geográfica entre la población; los madrileños y los catalanes que se mudan aquí se quejan de que es difícil conocer a gente porque casi todo se centra en la familia.
En muchas familias, es corriente que los hermanos (sobre todo las hermanas), los abuelos y los nietos se citen todos los fines de semana en la casa de alguno. Aunque mi mujer es sevillana y tiene cuatro hermanas, nunca tuvimos una relación tan constante como sería normal en Sevilla, quizá por los diferentes intereses que tenemos. Donde muchos niños sevillanos ven a todos sus primos cada fin de semana, nuestras hijas tuvieron sólo visitas esporádicas. Otra fuente de amistades que no aprovechamos de la misma forma que las demás familias es la calle. Vivimos en una urbanizacion de casas adosadas donde los niños juegan en medio de la calle todos los días y pasan el día entero en la piscina de la comunidad durante todo el verano. Siempre nos daba un poco de reparo dejar que nuestras hijas fueran a la calle a la ventura todos los días; creo que esto se debe a que queríamos guiarles un poco en cuanto a la elección de amistades.
Como se llevan menos de dos años, siempre jugaron mucho juntas y ahora tienen las mismas amistades. Cuando eran pequeñas, estaban en el circuito de los cumpleaños del barrio. Cuando la más pequeña tenía seis años, empezaron a ir a las clases de dibujo, música y danza que organiza el ayuntamiento en un local que está a la vuelta de la esquina. Luego hicieron piano en el conservatorio del pueblo hasta cuarto y actualmente van a clases de ballet, baile regional y corte y confección. Nosotros tenemos la academia de inglés en el semisótano de la casa y algunas clases se dan en el salón de la casa. Cuando más pequeñas, se quedaban en las clases que impartía mi mujer e hiceron amistades de esa manera. Ahora de mayores, en un par de ocasiones les hemos puesto en contacto con algunas chicas que asisten a nuestras clases y que tienen intereses similares.
De todas estas fuentes, han escogido una cosecha de amistades muy buenas. Suelen ser jóvenes que les interesa la lectura y la música. Para fomentar actividades sanas, nosotros abrimos la casa todos los viernes por la tarde. Los amigos empiezan a llegar a las seis de la tarde, cuando yo acabo mi última clase de academia. Les damos merienda, hacen juegos de mesa, charlan, tocan el piano, intercambian libros y chatean en Internet (tenemos una red local con ADSL). Últimamente las amigas se traen a los hermanos chicos así que yo me encargo de entretenerles con clases de guitarra y mecanografía. Luego hasta ocho jóvenes se quedan para cenar y terminamos sobre las 10:30. Los sábados por la tarde mis hijas suelen ir a alguna actividad para jóvenes que organiza la iglesia evangélica a la que asistimos en Sevilla y los domingos vamos a la iglesia toda la familia. Así que, entre una cosa y otra, tienen contacto con gente de su edad casi todos los días.
Cuando tenía 12 años, la mayor dijo algo acerca de ir al colegio porque estaba pasando una temporada un poco baja en cuanto a amistades, pero pronto superamos esa fase y ahora las dos están contentas y se identifican al cien por cien con nuestro estilo de vida. Hay que añadir que Lydia y yo pasamos los últimos dos veranos en Chapel Hill, una ciudad universitaria en Carolina del Norte, donde yo hice un curso y ella se matriculó en un curso de plástica e hizo amistades entre los homeschoolers. La mayor y yo tenemos planeado ir este verano.